Compilación de mujeres destacadas, que en algún momento de sus vidas han sufrido un ataque de histeria, o estuvieron a punto de estarlo, como toda mujer normal y corriente.
«Es honrar a las mujeres deuda a que obligados nacen todos los hombres de bien» (LOPE DE VEGA).
María Laura Espido Freire (Bilbao, 16 de julio de 1974) es una escritora y columnista española en lengua castellana. Es conocida como Espido Freire ya que desde el inicio de su carrera firma sus obras sólo con los apellidos.
Biografía
Nació en Bilbao y creció en Llodio (Álava). Se dedicó a la música vocal durante la adolescencia y fue con la compañía de José Carreras por toda Europa, pero esa vocación impuesta, que simultaneó con los estudios de Derecho, luego abandonados, le originó una profunda depresión que acabó en bulimia. Logró salir de ella dejando la música y consagrándose a la literatura. Se licenció en Filología Inglesa por la Universidad de Deusto, y en la misma cursó un Diploma en Edición y Publicación de Textos.
A los 25 años consiguió el Premio Planeta, convirtiéndose en la autora más joven en ganarlo, a la misma edad que Antonio Prieto, pero unos meses menor. Autora polifacética, destaca en su labor narrativa, habiendo aparecido en antologías como Vidas de mujer (Madrid, Alianza Editorial, 1999), Lo del amor es un cuento (Madrid, Ópera Prima, 2000), Ser mujer (Madrid, Temas de hoy, 2000), Fobias (Madrid, La Esfera de los Libros, 2003), Ni Ariadnas ni Penélopes (Madrid, Castalia, 2002), Orosia: mujeres de sol a sol (Jaca, Pirineum, 2002), Sobre raíles (Madrid, Imagine, 2003) o Todo un placer (Córdoba, Berenice, 2005), entre otras. Colabora con varios medios de prensa nacionales, como El País, La Razón, El Mundo o Público. Trabaja también como traductora literaria y como colaboradora en radio (actualmente en el espacio Julia en la onda, de Onda Cero, presentado por Julia Otero) y en televisión (Noche sin tregua).
Activamente involucrada en talleres literarios durante sus años universitarios, e interesada en la pedagogía de la creación más tarde, ha impartido cursos de creación literaria en diversas universidades españolas e internacionales; uno de sus proyectos de futuro, la fundación de una escuela de escritura cuyos títulos equivaldrían a los estudios universitarios. También, como ensayista, ha mostrado una interesante interpretación de la última juventud española, víctima de lo que ella llama mileurismo, una barrera de ingresos que no puede superar a causa de la resistencia de la generación anterior y que la condena a una insatisfacción y esterilidad permanentes.
La crítica la ha saludado como a una de las voces más interesantes de la narrativa española, y las alabanzas que surgieron con su primera obra han acompañado sus siguientes novelas. Ha sido traducida al inglés, francés, alemán, portugués, griego, polaco, neerlandés y turco, y su novela Irlanda recibió en 1999 el premio francés "Millepage", que los libreros conceden a la novela revelación extranjera. En mayo de 2000 recibió el premio Qué Leer a la mejor novela española editada durante el año anterior por Melocotones helados." Irlanda se publica en inglés con FTR Press. Su obra plantea la ambigüedad de las apariencias, el bien según los valores sociales y la fascinación por el mal, mediante mundos mágicos o en la vida cotidiana, creando universos muy complejos y tiempos inexistentes que exigen esfuerzo al lector. Afirma haber empezado así «por no tener que investigar datos históricos o sociológicos, porque inventar escribiendo resulta más sencillo que describir la realidad».
Cabe destacar también que Espido Freire se ha postulado como una acérrima defensora de los derechos de los animales. Es socia de la Asociación GATA, y recientemente participó en el ciclo de conferencias que tuvieron lugar en el Parlamento de Cataluña con el fin de abolir la tauromaquia.
Escuela Literaria "E+F"
A mediados de 2006, Espido Freire decidió fundar su propia empresa, una escuela literaria con sede en Madrid, desde la que imparte diversos talleres literarios. El proyecto recibió el nombre de 'E+F', sus iniciales.
Obras
Novela:
Irlanda (Barcelona, Planeta, 1998). 185 páginas, ISBN 84-08-02896-0.
Donde siempre es octubre (Barcelona, Seix Barral, 1999). 224 páginas, ISBN 84-322-0769-1.
Melocotones helados (Premio Planeta 1999; Barcelona, Planeta, 1999). 352 páginas, ISBN 84-08-46415-9.
Diabulus in Musica (Barcelona, Planeta, 2001). 190 páginas, ISBN 84-08-03833-8.
Nos espera la noche (Madrid, Alfaguara, 2003). 304 páginas, ISBN 84-204-0018-1.
La diosa del pubis azul (Barcelona, Planeta, 2005). En colaboración con Raúl del Pozo. 216 páginas, ISBN 84-08-05906-8.
Soria Moria (XXXIX Premio Ateneo de Sevilla); Sevilla, Algaida Editores, 2007. ISBN 978-84-206-6889-5.
Hijos del fin del mundo: De Roncesvalles a Finisterre (IV Premio Llanes de Viajes); (Madrid, Imagine Ediciones, 2009). 220 páginas, ISBN 978-84-96715-28-8
Relatos:
El tiempo huye (Premio NH, 2001).
Cuentos malvados (Madrid, Punto de Lectura, 2003). 128 páginas, ISBN 84-663-1095-9.
Juegos míos (Madrid, Alfaguara, 2004). 256 páginas, ISBN 84-204-0125-0.
El tiempo huye (Madrid, Miniletras, 2006). 64 páginas, ISBN 84-96592-49-9.
El trabajo os hará libres (Madrid, Páginas de Espuma, 2008). 128 páginas, ISBN 84-8393-018-8.
Libros colectivos:
Rusia imaginada, edición de Care Santos, Nevsky Prospects, 2011
Literatura infantil y juvenil
La última batalla de Vincavec el bandido (Madrid, SM, 2003). 128 páginas, ISBN 84-348-7438-5.
Poesía
Aland la blanca (Barcelona, DeBolsillo, 2001). 80 páginas, ISBN 84-8450-501-4.
Ensayo
Primer amor (Madrid, Temas de Hoy, 2000). 216 páginas, ISBN 84-8460-049-1.
Cuando comer es un infierno (Madrid, El País-Aguilar, 2002. 250 páginas, ISBN 84-03-09289-X.
Querida Jane, querida Charlotte (Madrid, El País-Aguilar, 2004). 250 páginas, ISBN 84-03-09371-3.
Mileuristas: cuerpo, alma y mente de la generación de los 1000 euros (Barcelona, Editorial Ariel, 2006). 256 páginas, ISBN 84-344-4498-4.
Mileuristas II: la generación de las mil emociones (Barcelona, Editorial Ariel, 2008). 228 páginas, ISBN 84-344-5325-8.
Traducción
Al mando de una corbeta, de Alexander Kent (Barcelona, Noray, 1999). 432 páginas, ISBN 84-7486-106-3. Del inglés.
Misión en ultramar, de Alexander Kent (Barcelona, Noray, 2000). 432 páginas, ISBN 84-7486-109-8. Del inglés.
Libertad de acción, de Alexander Kent (Barcelona, Noray, 2001). 368 páginas, ISBN 84-7486-115-2. Del inglés.
Latitudes extremas: doce poetas chilenas y noruegas (Madrid, Tabla Rasa, 2003). En colaboración con Kirsti Baggethun Kristensen y Tove Bakke. 256 páginas, ISBN 84-933190-2-3. Del noruego.
(Barcelona, 1909 - Romanyà de la Selva, 1983)
Escritora española en lengua catalana. Miembro de la generación literaria
forjada en el exilio republicano, su novelística se considera una de las más
destacadas de la posguerra en el ámbito de su lengua.
De
formación autodidacta (sólo recibió educación escolar entre los siete y los
diez años), llegó a la literatura a través de la poesía popular y publicó
tempranamente por su cuenta la novelaSóc
una dona honrada?(1932).
Ingresó al periodismo político en defensa de sus ideales catalanistas, en
Clarisme (1933-1934). Este mismo año, la publicación de las novelasDel que hom no pot fugiryUn
dia en la vida d'un homele
abrirían las puertas a la publicación de cuentos en las páginas de La
Publicitat. La siguiente novela,Crim(1936), cierra un conjunto novelesco
del que la autora posteriormente renegaría.
Durante la Guerra Civil española trabajó en el
Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya y en la Institució de
les Letres Catalanes. En 1938, en plena guerra, publicóAloma, novela psicológica en la
que la protagonista, Aloma, aún adolescente, se entrega a una relación amorosa
con un hombre maduro. En ella destaca ya la utilización de símbolos poéticos,
una de sus constantes: en especial aquí la flor, que evoca la caducidad de la
vida y, en el contexto del relato, representa la infancia y la felicidad; otros
símbolos serán el espejo, el agua o la paloma.Alomaapunta ya algunas constantes de su
producción: atención preferente al mundo femenino e inclinación hacia una
novela psicológica con tonos poéticos y simbólicos.
Al término de la guerra se exilió, y la
primera larga etapa, en París y Burdeos, supuso una larga interrupción de su
obra, pero también la maduración y el acopio de experiencias y lecturas que, a
la larga, beneficiarían a su narrativa. Tras la colección de relatos brevesVint-i-un contes(1958), y aprovechando un período de
relativa estabilidad en Ginebra, donde trabajó como traductora en distintos
organismos internacionales a partir de 1954, escribió la novela que le
proporcionaría mayor celebridad:La
plaça del Diamant(1962).
Tiene como protagonista a una mujer humilde, la Colometa, que en voz propia, es
decir, en un tono coloquial (literariamente insólito en la literatura
catalana), relata los dramáticos episodios de su vida: amor, angustia, guerra,
hambre, desesperación, resignación. Los elementos socio-históricos se alían a
los míticos, y un toque de poesía impregna (como un pálpito de vida) toda la
confesión del personaje.
Fue una constante en su obra la elección como
protagonistas de personajes femeninos que encarnan diferentes momentos y fases
de la vida de la mujer: enEl
carrer de les Camèlies(1966)
quien cuenta su vida es Cecília, una marginada forzada a prostituirse. Su vida
será reconstruida a través de pequeñas confesiones, de detalles tenues y
dispersos. El contexto histórico se hace menos explícito a partir de la novelaJardí vora la mar(1967), donde el narrador es un
jardinero que explica su particular punto de vista sobre una tragedia amorosa,
y enLa meva Cristina i altres
contes(1967), a partir de la
cual el narrador omnisciente se compatibiliza con el uso de la perspectiva interna
a través del soliloquio y del estilo indirecto libre. Estas dos últimas obras
abren una nueva etapa, dominada por el desencanto y la soledad premonitoria de
la muerte, a la que se sumaráMirall
trencat(1974), con la vida y
la desintegración de todo un universo familiar como temas.
En 1973 regresó de su exilio y se instaló primero en
Barcelona y luego en el pueblo de Romanyà de la Selva, cerca de Girona. Sus
últimas obras fueronSemblava de seda i altres contes (1978),Viatges i flors(1980) y las novelasQuanta, quanta guerra! (1980) yLa mort i la primavera (1986), publicada póstumamente.
Escribió también varias piezas teatrales:El parc de les magnòlies,El torrent de les flors yEl maniquí. Póstumamente salió a la luz una buena
parte de su producción poética bajo el títuloAgonia de llum.Poesia secreta de Mercè Rodoreda(2002). Entre los numerosos galardones que recibió
cabe mencionar el Sant Jordi (1966), el Premio de la Crítica (1967), el Ramón
Llull (1969) y el Premio de Honor de las Letras Catalanas (1980).
(Madrid, 1945) Actriz española. Inició su
carrera en el teatro y, tras la interpretación de pequeños papeles en el cine,
se ha convertido en una de las actrices preferidas de los nuevos realizadores
españoles.
Ha actuado, entre otras películas, en¿Qué hace una chica como tú en un
lugar como éste?(F. Colomo,
1978),Pepi, Luci, Bom y otras
chicas del montón(P.
Almodóvar, 1980),¿Qué he
hecho yo para merecer esto?(P.
Almodóvar, 1984),Mujeres al
borde de un ataque de nervios(P.
Almodóvar, 1988),Áy, Carmela!(C.
Saura, 1990),Cómo ser mujer y
no morir en el intento(A.
Belén, 1991),Chatarra(F. Rotaeta, 1991),Sombras en una
batalla(M. Camus, 1993) yCómo ser feliz y disfrutarlo(E. Urbizu, 1993).
En 1988 recibió el
premio nacional de cinematografía y en 1996 fue candidata al premio César de
Francia porAmores que matan.
Posteriormente intervino enEllas(L. Galvao Teles, 1997),Alice y Martin(A. Téchiné, 1998),Lisboa(A. Hernández, 1999).
“El
recuerdo de mi suplicio hará más por nuestra causa que todas las banderas del
mundo” ( Mariana Pineda )
(Granada,
1804-id., 1831) Heroína española. Viuda y madre de dos hijos de corta edad, fue
denunciada por haber bordado en una bandera la leyenda «Ley, Libertad,
Igualdad» y acusada de pertenecer a una conspiración liberal. Al negarse Pineda
a delatar a sus supuestos cómplices, Pedrosa, miembro de la Chancillería de
Granada, y según la leyenda, secretamente enamorado de ella, decretó su ingreso
en prisión. En medio de las protestas de la población, fue juzgada y condenada
a morir a garrote vil. La sentencia se ejecutó en el Campo del Triunfo de
Granada, mientras la bandera que había bordado era quemada. Mariana Pineda se
convirtió pronto en heroína y mártir de la causa liberal, hasta el punto de
inspirar numerosas canciones. Federico García Lorca se basó en su historia para
escribir la obra teatral Mariana Pineda.
Nacida
en el seno de una familia noble de Granada, su padre, Mariano Pineda Ramírez,
era capitán de navío de la Armada. Huérfana desde los quince meses de edad,
quedó bajo la custodia de su tío paterno, José Pineda, y contrajo matrimonio a
los quince años con Manuel de Peralta y Valle, liberal perteneciente a la logia
masónica y próximo al círculo constitucionalista del conde de Teba. Al fallecer
su marido en 1822, continuó frecuentando los ambientes liberales en el contexto
de la Década Ominosa (1823-1833) que siguió al Trienio Liberal (1820-1823) tras
la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis.
La implicación de Mariana Pineda en un complot
constitucionalista, descubierto en 1826, y en el que actuaba como intermediaria
entre los liberales granadinos y los exiliados de Gibraltar, levantó las
sospechas del alcalde de la ciudad, Ramón de Pedrosa y Andrade. Éste, que
ejercía además el cargo de subdelegado principal de policía, había sido
comisionado en Andalucía oriental por el ministro de Justicia, Tadeo Calomarde,
para reprimir cualquier intento de alzamiento en favor de la Constitución de
1812. Detenida por las autoridades, Mariana Pineda fue sometida a juicio y
posteriormente absuelta al alegar ignorancia del contenido de las cartas y
otros documentos hallados en su domicilio.
Sin embargo, cuando en 1828 preparó con éxito
la fuga de su primo Fernández Álvarez de Sotomayor, comandante del Ejército que
había sido condenado a muerte por su implicación en el levantamiento de Riego
(1820), Mariana Pineda fue detenida bajo el pretexto de haber dado a bordar una
bandera morada con la inscripción «Ley, Libertad, Igualdad», que había de
servir de enseña para un proyecto revolucionario.
Tras
diversos intentos de fuga y ante la negativa de Mariana Pineda de delatar a sus
presuntos cómplices, fue recluida en el convento de Santa María Egipciaca y,
tras un simulacro de juicio, condenada a la pena máxima. De nada sirvieron los
alegatos que en favor de la joven dirigió un sector influyente de la ciudad a Fernando
VII, pues la sentencia se cumplió el
26 de mayo de 1831 en el granadino Campo del Triunfo.
Casi de inmediato, la leyenda popular
convirtió a Mariana Pineda en símbolo de las libertades y protagonista de
romances de ciego. En torno a su figura y partiendo del mito popular, Federico Garcia Lorca escribió el
dramaMariana Pineda, que
se estrenó el 24 de junio 1927 en Barcelona, con decorados y vestuario de
Salvador Dalí y con Margarita Xirgu en el papel protagonista.
Ana de Mendoza de la Cerda, princesa de Éboli, condesa de Mélito y duquesa de Pastrana, (Cifuentes, Guadalajara, 29 de junio de 1540 - Pastrana, 2 de febrero de 1592) fue una aristócrata española.
Primeros años
Doña Ana pertenecía a una de las familias castellanas más poderosas de la época: los Mendoza. Hija única del matrimonio entre don Diego Hurtado de Mendoza y de la Cerda, virrey de Aragón, y doña María Catalina de Silva y Toledo, se casó a la edad de doce años (1552) con Ruy Gómez de Silva, por recomendación del príncipe Felipe, futuro Felipe II; su marido era príncipe de Éboli (ciudad ubicada en el Reino de Nápoles) y ministro del rey. Los compromisos de Ruy motivaron su presencia en Inglaterra por lo que los cinco primeros años de matrimonio, apenas estuvieron tres meses los cónyuges juntos.
Fue una de las mujeres de más talento de su época, y aunque perdió un ojo a causa de un entrenamiento de esgrima, se la estimaba como una de las damas más hermosas de la corte española. Entre las teorías que se barajan sobre la pérdida de su ojo derecho, la más respaldada es la que asegura que la princesa fue dañada por la punta de un florete manejado por un paje durante su infancia. Pero este dato no es claro, quizá no fuese tuerta sino estrábica, aunque hay pocos datos que mencionen dicho defecto físico. En cualquier caso, su defecto no restaba belleza a su rostro; su carácter altivo y su amor por el lujo se convirtieron en su mejor etiqueta de presentación, y ejerció una gran influencia en la corte.
Matrimonio e hijos
Durante el periodo de su matrimonio la vida de Ana fue estable y no se le conocen andanzas ni problemas. Tuvieron diez hijos:
Diego (c.1558-1563), muerto de niño.
Ana de Silva y Mendoza (1560-1610), mujer de Alonso Pérez de Guzmán el Bueno y Zúñiga, VII duque de Medina-Sidonia.
Rodrigo de Silva y Mendoza, II duque de Pastrana (1562-1596). Matrimonio: Ana de Portugal y Borja.
Pedro de Silva y Mendoza (c. 1563), muerto de niño.
Diego de Silva y Mendoza, marqués de Alenquer (1564-1630). Matrimonios: Luisa de Cárdenas y María Ana Sarmiento Villandrano de Ulloa, condesa de Salinas.
Ruy de Silva y Mendoza, I marqués de La Eliseda (1565- 1616). Matrimonios: Ana de Aguilar, Jerónima Fernández de Hijar y Antonia Manrique de Lara, XI condesa de Castañeda.
Fernando de Silva y Mendoza, luego Fray Pedro González de Mendoza, (1570-1639), arzobispo de Zaragoza
María de Mendoza y María de Silva (c. 1570): gemelas o mellizas, muertas de niñas.
Ana de Silva y Mendoza (1573-1614), fue la última hija de la pareja y quien acompañó a su madre en los años de encierro.
Conflicto con Teresa de Jesús
Teresa de Jesús tuvo varios enfrentamientos con la princesa.
Solicitó junto con su marido dos conventos de carmelitas en Pastrana. Entorpeció los trabajos porque quería que se construyesen según sus dictados, lo que provocó numerosos conflictos con monjas, frailes, y sobre todo con Teresa de Jesús, fundadora de las Carmelitas descalzas. Ruy Gómez de Silva puso paz, pero cuando éste murió volvieron los problemas, ya que la princesa quería ser monja y que todas sus criadas también lo fueran. Le fue concedido a regañadientes por Teresa de Jesús y se la ubicó en una celda austera. Pronto se cansó de la celda y se fue a una casa en el huerto del convento con sus criadas. Allí tendría armarios para guardar vestidos y joyas, además de tener comunicación directa con la calle y poder salir a voluntad. Ante esto, por mandato de Teresa, todas las monjas se fueron del convento y abandonaron Pastrana, dejando sola a Ana. Ésta volvió de nuevo a su palacio de Madrid, no sin antes publicar una biografía tergiversada de Teresa, lo que produjo el alzamiento de escándalo de la Inquisición, que prohibió la obra durante diez años.
Tras la muerte de Ruy Gómez de Silva
Tras la repentina muerte de Ruy Gómez de Silva en 1573, Ana se vio obligada a manejar su amplio patrimonio y durante el resto de su vida tuvo una existencia problemática. Gracias a sus influyentes apellidos consiguió una posición desahogada para sus hijos. Su hija mayor, Ana, casaría con Alonso Pérez de Guzmán el Bueno y Zúñiga, VII duque de Medina Sidonia; el siguiente, Rodrigo, heredaría el ducado de Pastrana; Diego sería duque de Francavilla, virrey de Portugal y marqués de Allenquer. A su hijo Fernando, ante la posibilidad de llegar a cardenal, le hicieron entrar en religión, pero escogió ser franciscano y cambió su nombre por el de Fray Pedro González de Mendoza (como su tatarabuelo el Gran Cardenal Mendoza), y llegaría a ser arzobispo.
La corte de Felipe II y sus intrigas
Debido a su alta posición, mantenía relaciones cercanas con el primero príncipe y luego rey Felipe II, lo que animó a varios a catalogarla como amante del rey, principalmente durante el matrimonio de éste con la joven Isabel de Valois, de la cual fue amiga. Lo que sí parece seguro es que, una vez viuda (1573) sostuvo relaciones con Antonio Pérez, secretario del rey. Antonio era seis años mayor que ella y no se sabe realmente si lo suyo fue simplemente una cuestión de amor, de política o de búsqueda de un apoyo que le faltaba desde que muriera su marido. Estas relaciones fueron descubiertas por Juan de Escobedo, secretario de don Juan de Austria, quien además mantenía contactos con los rebeldes holandeses. Antonio Pérez, temeroso de que revelase el secreto, le denunció ante el rey de graves manejos políticos y Escobedo apareció muerto a estocadas, de lo que la opinión pública acusó a Pérez; pero pasó un año hasta que el rey dispuso su detención. Los motivos de la intriga que llevaron al asesinato de Escobedo y a la caída de la princesa no son claros. Parece probable, junto a la posible revelación de la relación amorosa entre Ana y Antonio Pérez, también la existencia de otros motivos, como una intriga compleja de ambos acerca de la sucesión al trono vacante de Portugal y contra don Juan de Austria en su intento de casarse con María Estuardo.
El encierro
Palacio Ducal de Pastrana, lugar del encierro de la princesa de Éboli.
La princesa fue encerrada por Felipe II en 1579, primero en el Torreón de Pinto, luego en la fortaleza de Santorcaz y privada de la tutela de sus hijos y de la administración de sus bienes, para ser trasladada en 1581 a su Palacio Ducal de Pastrana, donde morirá atendida por su hija menor Ana de Silva (llamada Ana como la hija mayor de la Princesa, se haría monja luego) y tres criadas. Es muy conocido en dicho palacio el balcón enrejado que da a la plaza de la Hora, donde se asomaba la princesa melancólica. Tras la fuga de Antonio Pérez a Aragón en 1590, Felipe II mandó poner rejas en puertas y ventanas del Palacio Ducal.
No está tampoco muy claro el porqué de la actitud cruel de Felipe II para con Ana, quien en sus cartas llamaba "primo" al monarca y le pedía en una de ellas "que la protegiese como caballero". Felipe II se referiría a ella como "la hembra". Es curioso que mientras la actitud de Felipe hacia Ana era dura y desproporcionada, siempre protegió y cuidó de los hijos de ésta y su antiguo amigo Ruy. Felipe II nombró un administrador de sus bienes y más adelante llevaría las cuentas su hijo Fray Pedro ante la ausencia de sus hermanos. Falleció en dicha localidad en 1592. Ana y Ruy están enterrados juntos en la Colegiata de Pastrana.
La princesa de Éboli, en cine y televisión
En 1955 se realizó la primera película basada en la vida de Ana de Mendoza, a la que dio vida Olivia de Havilland, bajo el título precisamente de La Princesa de Éboli (1955), dirigida por Terence Young.
En 2008 se estrenó la película La conjura de El Escorial, dirigida por Antonio del Real y que narraba, con relativa fidelidad, las intrigas de Antonio Pérez y la Princesa de Éboli. Este último personaje fue interpretado por la actriz británica Julia Ormond.
Además, para televisión, el personaje fue interpretado por la actriz Marisa de Leza en el episodio tutulado La tumultuosa Princesa de Eboli, de la serie Mujeres insólitas, y que se emitió por TVE el 15 de febrero de 1977.
Finalmente, el 18 de octubre de 2010, se estrenó una miniserie de dos episodios para televisión (Antena 3), con Belén Rueda al frente del reparto en el papel de la princesa.
Isabel I de Castilla (Madrigal de las Altas Torres, 22 de abril de 1451 - Medina del Campo, 26 de noviembre de 1504) fue reina de Castilla desde 1474 hasta 1504 y reina consorte de Sicilia desde 1469 y de Aragón desde 1479.
Es conocida como Isabel la Católica, título que les otorgó a ella y a su marido Fernando el papa Alejandro VI mediante la bula Si convenit, el 19 de diciembre de 1496. Es por lo que se conoce a la pareja real con el nombre de Reyes Católicos, título que usarían en adelante prácticamente todos los reyes de España.
Se casó en 1469 con el príncipe Fernando de Aragón. Por el hecho de ser primos segundos necesitaban una bula papal de dispensa que solo consiguieron de Sixto IV a través de su enviado el cardenal Rodrigo Borgia en 1472. Ella y su esposo Fernando conquistaron el reino nazarí de Granada y participaron en una red de alianzas matrimoniales que hicieron que su nieto, Carlos, heredase las coronas de Castilla y de Aragón, otros territorios europeos y se convirtiese en emperador del Sacro Imperio Romano.
Isabel y Fernando se hicieron con el trono tras una larga lucha, primero contra el rey Enrique IV (véase Conflicto por la sucesión de Enrique IV de Castilla) y de 1475 a 1479 en la Guerra de Sucesión Castellana contra los partidarios de la otra pretendiente al trono, Juana. Isabel reorganizó el sistema de gobierno y la administración, centralizando competencias que antes ostentaban los nobles; reformó el sistema de seguridad ciudadana y llevó a cabo una reforma económica para reducir la deuda que el reino había heredado de su hermanastro, y predecesor en el trono, Enrique IV. Tras ganar la guerra de Granada los Reyes Católicos expulsaron a los judíos de sus reinos y, años más tarde, también a los musulmanes.
Isabel concedió apoyo a Cristóbal Colón en la búsqueda de las Indias occidentales, lo que llevó al descubrimiento de América. Dicho acontecimiento provocaría en el futuro la conquista de las tierras descubiertas y la creación del Imperio español.
Isabel vivió 53 años, de los cuales gobernó 30 años como reina de Castilla y 26 como reina consorte de Aragón al lado de Fernando II.
Primeros años
Isabel de Castilla, hija de Juan II de Castilla y de su segunda mujer, Isabel de Portugal (1428-1496), nació en Madrigal de las Altas Torres (Ávila) el 22 de abril, Jueves Santo, de 1451 en el palacio que hoy ocupa el Monasterio de Nuestra Señora de Gracia. El lugar y la fecha de nacimiento han sido históricamente discutidos, toda vez que cuando nace, nadie es consciente de la importancia que esa niña iba a tener en el futuro. Madrigal era entonces una pequeña villa de realengo donde circunstancialmente residía su madre, Isabel de Aviz, y de ella recibe el nombre que entonces no era frecuente en España.
Dos años después, en Tordesillas, nació su hermano Alfonso. Con anterioridad, fruto del matrimonio entre Juan II de Castilla y María de Aragón, y por lo tanto hermano de Isabel por parte de padre, había nacido Enrique, que accedería al trono en 1454 como Enrique IV.
A la muerte de su padre en 1454, Isabel fue enviada con su madre y su hermano Alfonso a la villa de Arévalo, donde vería los ataques de locura de su madre. Esta es una época de dificultades, incluso económicas. En esta época Isabel se dedicó a leer libros religiosos. También trabó amistad con Beatriz de Silva (1424-1491), a la que luego ayudaría en la fundación de la Orden de las Concepcionistas Franciscanas y a la que donó los palacios de Galiana en la ciudad de Toledo. Otros personajes importantes en este momento y en general en su vida fueron en el ámbito toledano Gutierre de Cárdenas, su esposa Teresa Enríquez y Gonzalo Chacón.
En 1461, Isabel y su hermano Alfonso son trasladados a Segovia, lugar donde se emplazaba la Corte, por estar cercano el nacimiento de la hija de los reyes, doña Juana de Castilla. Pronto los enemigos del rey la apodaron Juana "la Beltraneja", propagando el rumor de que el padre era Beltrán de la Cueva.
Una parte de los nobles se enfrentó al rey Enrique, formó un bando alrededor de su hermanastro Alfonso, de solo 12 años, y llegó a deponer a Enrique en la «farsa de Ávila». Isabel permaneció al lado de Alfonso durante este tiempo. Sin embargo, en 1468, Alfonso murió en Cardeñosa, quizás envenenado.
A pesar de las presiones de los nobles, Isabel rechazó proclamarse reina mientras Enrique IV estuviera vivo. Por el contrario, consiguió que su hermanastro le otorgase el título de Princesa de Asturias, en una discutida ceremonia que tuvo lugar en los Toros de Guisando, el 19 de septiembre de 1468, conocida como la Concordia de Guisando. Isabel se constituyó así como heredera a la corona, por delante de Juana, su sobrina y ahijada de bautismo, a quien parte de la nobleza no consideraba legitimada para ocupar el trono por las dudas que había sobre su paternidad. A partir de este momento, Isabel pasa a residir en Ocaña, villa perteneciente a don Juan Pacheco, marqués de Villena. El rey inicia contactos diplomáticos con otras casas reales para lograr un acuerdo matrimonial que le reporte beneficios.
Acuerdos matrimoniales
Ya desde los tres años, Isabel había estado comprometida con Fernando, hijo de Juan II de Aragón. Sin embargo, Enrique IV rompió este acuerdo, seis años más tarde, para comprometerla con Carlos, príncipe de Viana. El matrimonio no llegó a consolidarse, por la férrea oposición de Juan II de Aragón. También fueron infructuosos los intentos de Enrique IV por desposarla con el rey Alfonso V de Portugal, primo en segundo grado de Isabel y casi 20 años mayor que ella. En 1464, logró reunirlos en el Monasterio de Guadalupe, pero ella le rechazó, alegando la diferencia de edad entre ambos.
Más tarde, cuando contaba 16 años, Isabel fue comprometida con don Pedro Girón, de 43 años, Maestre de Calatrava y hermano de don Juan Pacheco; pero Girón murió por causas desconocidas mientras realizaba el trayecto para encontrarse con su prometida.
El 18 de septiembre de 1468, Isabel fue proclamada Princesa de Asturias por medio de la Concordia de los Toros de Guisando, revocando Enrique IV de este modo el anterior nombramiento de su hija Juana. Tras la ceremonia, Isabel pasó a vivir en Ocaña, en contacto estrecho con la Corte. Enrique IV convino de nuevo el enlace entre Isabel y el rey Alfonso V de Portugal, ya que en el Tratado de los Toros de Guisando se había acordado que el matrimonio de Isabel debía celebrarse con la aprobación del monarca castellano. La propuesta entrañaba también el proyecto de casar a su hija Juana con el príncipe heredero Juan, hijo de Alfonso V de Portugal. De esta manera, Isabel sería trasladada al reino vecino y, a la muerte de su esposo, los tronos de Portugal y de Castilla pasarían a Juan II de Portugal y su esposa, Juana. Isabel se negó.
Tras esto, el rey trató de que se desposara con el duque de Guyena, hermano de Luis XI de Francia; de nuevo Isabel se negó. El monarca francés pidió entonces la mano de Juana para su hermano, el duque de Guyena; Luis XI quería alejar al duque de su entorno por suponer una amenaza para él. Los esponsales se realizaron en Medina del Campo (1470), pero el duque murió en 1472 en circunstancias no esclarecidas, antes de conocer a la novia.
Mientras tanto, Juan II de Aragón trató de negociar en secreto con Isabel la boda con su hijo Fernando. Isabel y sus consejeros consideraron que era el mejor candidato para esposo, pero había un impedimento legal, ya que eran primos segundos (sus abuelos, Fernando de Antequera y Enrique III, eran hermanos). Necesitaban, por tanto, una bula papal que les exonerara de la consanguinidad. El Papa, sin embargo, no llegó a firmar este documento, temeroso de las posibles consecuencias negativas que ese acto podría traerle al atraerse la enemistad de los reinos de Castilla, Portugal y Francia, todos ellos involucrados en negociaciones para desposar a la princesa Isabel con otro pretendiente.
Personas del entorno de Isabel falsificaron una supuesta bula emitida en junio de 1464 por el anterior Papa, Pío II, a favor de Fernando, en la que se le permitía contraer matrimonio con cualquier princesa con la que le uniera un lazo de consanguinidad de hasta tercer grado. Isabel aceptó y se firmaron las capitulaciones matrimoniales de Cervera, el 5 de marzo de 1469. Para los esponsales y ante el temor de que Enrique IV abortara sus planes, en mayo de 1469 y con la excusa de visitar la tumba de su hermano Alfonso, que reposaba en Ávila, Isabel escapó de Ocaña, donde era custodiada estrechamente por don Juan Pacheco. Por su parte, Fernando atravesó Castilla en secreto, disfrazado de mozo de mula de unos comerciantes. Finalmente el 19 de octubre de 1469 contrajeron matrimonio en el Palacio de los Vivero de Valladolid.
El matrimonio costó a Isabel el enfrentamiento con su hermanastro el rey. En 1471 el papa Sixto IV envió al cardenal Rodrigo de Borja a España como legado papal para arreglar diversos asuntos políticos en la península, entre ellos este enlace. Con él trajo la Bula de Simancas, que dispensaba de consanguinidad a los príncipes Isabel y Fernando. Borja negoció con ellos: les daría la bula a cambio de que ellos le concedieran la ciudad de Gandía a su hijo Pedro Luis. Isabel y Fernando cumplirían su parte del trato en 1485.
Reinado
Al morir Enrique IV, Isabel se proclamó Reina de Castilla el 13 de diciembre de 1474 en Segovia, basando su legitimidad en el Tratado de los Toros de Guisando. Estalló entonces la Guerra de Sucesión Castellana (1475-1479) entre los partidarios de Isabel y los de su sobrina Juana. El Tratado de Alcaçovas puso fin a la contienda, reconociendo a Isabel y Fernando como reyes de Castilla a cambio de ciertas concesiones a Portugal. Tras la guerra Isabel mandó construir el Monasterio de San Juan de los Reyes.
Instruyó a sus hijos en que tenían unas obligaciones por su rango de hijos de reyes, y que debían sacrificarse mucho por ese motivo. Les llevó consigo durante las campañas militares, pero también veló siempre por su bienestar, como lo prueba su valor ante el motín que tuvo lugar en el alcázar de Segovia en 1476.Allí tenían instalada los reyes la corte y allí vivía, en el alcázar su primogénita Isabel bajo la protección y cuidado de su amiga Beatriz de Bobadilla y de su esposo, el alcaide Andrés Cabrera. Éste era de origen judío, lo que en aquella época era fuente de tensiones raciales, y se le acusaba de querer aprovecharse de la confianza que los reyes le tenían, además de acusarle de malversación de fondos y de tiranía. El tumulto se convirtió en motín cuando unos provocadores, disfrazados de campesinos y con armas ocultas, arengaron a la población para destituir al alcaide. Hacia el Alcázar se dirigió una masa de gente furiosa, armada con herramientas de campesinos, palos y piedras. La reina se encontraba con el cardenal Mendoza cuando se enteró de lo ocurrido, pero ni uno ni otro tenían tropas suficientes para defender la plaza. Temerosa del riesgo que podía correr su hija, la reina subió a su caballo y, acompañada por tres guardias, cabalgó 60 kilómetros hasta Segovia. A la entrada, el obispo intentó detenerla por el gran peligro que corría, pero Isabel desoyó el consejo y avanzó hasta el Alcázar. Entró y dejó las puertas abiertas para que entraran todos los amotinados para exponerle sus quejas. Tras estudiar las quejas, mantiene en el puesto a Andrés Cabrera. El pueblo de Segovia le guardó fidelidad a partir de ese momento.
Durante las campañas militares de Fernando, la reina estuvo siempre en la retaguardia, acompañada de sus hijos y pendiente de proveer lo necesario. Su ayuda fue decisiva para la victoria castellano-aragonesa en la Guerra de Granada, como lo demuestran los hechos de la rendición de Baza (Granada). Sucedió que la ciudad llevaba cercada bastante tiempo pero la población no quería rendirse y los soldados cristianos comenzaban a desmoralizarse por el largo asedio. El rey Fernando pide a su mujer que se presente en el campo de batalla para levantar la moral de las tropas. Así lo hace Isabel, haciéndose acompañar de varias damas y de su primogénita Isabel. El impacto de su presencia fue inmediato, no sólo para las tropas cristianas, sino para la población asediada que inició su rendición, pero no ante el rey guerrero, sino ante la valerosa reina. Además, Isabel fue la precursora del Hospital de campaña, al hacerse acompañar de personal médico y ayudantes para atender a los heridos en el campo de batalla.
Creyó en los proyectos de Cristóbal Colón, a pesar de las muchas críticas y reacciones políticas adversas de la Corte y los científicos. Es sin embargo falsa la leyenda que dice que financió con sus joyas el viaje que llevaría al descubrimiento de América. Durante el reinado común con Fernando se produjeron hechos de gran trascendencia para el futuro del reino, como el establecimiento de la Santa Inquisición (1480), la creación de la Santa Hermandad, la incorporación del Reino nazarí de Granada, así como la unificación religiosa de la Corona Hispánica, basada en la conversión obligada de los judíos, so pena de muerte o expulsión (Edicto de Granada, 1492) y más tarde de los musulmanes.
Tras el descubrimiento de América en 1492 comenzó el proceso de evangelización de los indígenas nativos confiándole esta tarea a los monjes paulinos húngaros que se marcharon a las nuevas tierras en los próximos viajes de Colón. Isabel y Fernando firmaron con Portugal el Tratado de Tordesillas (1494) que delimitó sus esferas de influencia en el océano Atlántico. Por deseo de los comerciantes urbanos creó la Santa Hermandad, cuerpo de policía para la represión del bandidaje, creando unas condiciones mucho más seguras para el comercio y la economía.
Para sus campañas militares contó con el servicio de Gonzalo Fernández de Córdoba (El Gran Capitán), que intervino en la conquista de Granada (1492), en las dos primeras Guerras de Italia y en la toma de Cefalonia (1500).
Dada la histórica implicación de la Corona de Aragón en Italia y por otra serie de razones (sus virtudes cristianas, la conquista de Granada, la expulsión de los judíos y la cruzada contra los musulmanes), Fernando e Isabel recibieron el título de Reyes Católicos otorgado por el Papa Alejandro VI, mediante la bula Si convenit, de 19 de diciembre de 1496. Dicho título fue heredado por los descendientes en el trono (tanto austrias como borbones), poseyéndolo actualmente el rey Juan Carlos I de España. El papa Alejandro VI le concedió la distinción honorífica de Rosa de Oro de la Cristiandad en 1500.
Al final de sus días, las desgracias familiares se cebaron con ella. La muerte de su único hijo varón y el aborto de la esposa de éste, la muerte de su primogénita y de su nieto Miguel (que iba a unificar los Reinos de los Reyes Católicos con el de Portugal), la presunta "locura" de su hija Juana (que desafió abiertamente a su madre en Medina del Campo) y los desaires de Felipe el Hermoso, y la incertidumbre de su hija Catalina tras la muerte de su esposo inglés, la sumieron en una profunda depresión que hizo que vistiera de luto íntegro.
Muerte
Estaba la corte en Medina del Campo (Valladolid), cuando se declaró la grave enfermedad, una hidropesía (cáncer de útero), dijo como testigo Pedro Mártir. Consciente del desenlace, mandó que las misas por su salud se tornaran por su alma, pidió la extremaunción y el Santísimo Sacramento. Habiendo otorgado testamento a 12 de octubre, falleció poco antes del mediodía del 26 de noviembre de 1504, en el Palacio Real:
Mi cuerpo sea sepultado en el momasterio de S. Francisco que es en el Alhambra de la ciudad de Granada (...) en una sepultura baja que no tenga bulto alguno, salvo una losa baja en el suelo, llana, con sus letras en ella. Pero quiero e mando, que si el Rei eligiere sepultura en otra cualquier iglesia o monasterio de cualquier otra parte o lugar destos mis reinos, que mi cuerpo sea allí trasladado e sepultado junto (...). Diego Clemencín, 1821.
Primeramente fue inhumada en el monasterio de San Francisco de la Alhambra, el 18 de diciembre de 1504, en una sencilla sepultura, según su deseo. Poco después, sus restos mortales, junto con los de su esposo Fernando el Católico, fueron trasladados a la Capilla Real de Granada. Su hija Juana I y el marido de ésta, Felipe el Hermoso, también reposan allí. Asimismo se enterró en este lugar a su nieto Miguel, hijo del rey Manuel I de Portugal, quien falleció poco antes de cumplir los 2 años de edad, y a la madre de éste, la Infanta Isabel, primogénita de los Reyes Católicos.
En el museo de la Capilla Real se encuentran la corona y el cetro de la reina, quien además dotó a la Capilla de un importante grupo de cuadros (aún in situ), de Botticelli, Dirk Bouts, Rogier van der Weyden y Hans Memling, entre otros, y muchas de sus pertenencias personales.
Testamento y sucesión Testamento de Isabel I.
El testamento original de la reina se conserva en el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe. Una copia se envió al monasterio de Santa Isabel de la Alhambra de Granada. Y otra, a la catedral de Toledo, aunque desde 1575 pasó al Archivo General de Simancas.
En él, dejó dicho que sus sucesores debían esforzarse en conquistar para el cristianismo el Norte de África siguiendo la reconquista peninsular, pero el descubrimiento de América hizo que los esfuerzos de los reinos castellanos se alejasen de ese objetivo.
Su empeño como defensora de la igualdad de sus súbditos americanos con los del Viejo Mundo le han ganado el título de Precursora de los Derechos Humanos por importantes historiadores (ello a pesar de haber decretado en Castilla la conversión obligada de los judíos, so pena de expulsión, Decreto de Granada, y más tarde, empujada por su marido y por el papado, a romper las Capitulaciones de Granada, pactadas con Boabdil, y obligar a la conversión a los musulmanes).
A su muerte le sucedió la hija de ambos, Juana, pero por poco tiempo, ya que fue declarada incapaz de reinar por "locura" y pasando el reino, primero al marido de ésta (Felipe I el Hermoso) y muy pronto al hijo de este matrimonio, y nieto de los Reyes Católicos, Carlos I.
Posteridad
En 1952 fue publicado por vez primera el texto de la bula Si convenit que otorgaba a Isabel y Fernando el título de "católicos".
En 1958 la Archidiócesis de Valladolid inició el proceso para la beatificación de Isabel. El mismo sigue su curso en la actualidad, sostenido por el apoyo económico de los herederos del empresario mexicano Pablo Díaz. Los partidarios de Isabel achacan que el Vaticano no la haya beatificado a la oposición de un "lobby judío".
Descendencia
Isabel tuvo 5 hijos de Fernando (el cual había tenido otros hijos antes de su matrimonio:
Isabel (1 o 2 de octubre de 1470 – 1498), Princesa de Asturias (1476–1480; 1498), contrajo matrimonio con el Infante Alfonso de Portugal, pero a su muerte se casó en 1495 con el primo del fallecido, Manuel, que fue rey de Portugal con el nombre de Manuel I, el Afortunado. Fue reina de Portugal entre 1495 y 1498, muriendo en el parto de su primer hijo Miguel de Paz.
Juan (30 de junio de 1478 – 1497), Príncipe de Asturias (1480–1497). En 1497, contrajo matrimonio con Margarita de Austria (hija del emperador germánico Maximiliano I de Habsburgo); murió de tuberculosis poco después. Tuvo una hija póstuma que nació muerta. Margarita se fue de España y se encargó por un tiempo de su sobrino Carlos, futuro emperador Carlos V.
Juana I de Castilla (6 de noviembre de 1479 – 1555), Princesa de Asturias (1502–1504), Reina de Castilla (1504–1555) con el nombre de Juana I. En 1496, contrajo matrimonio con Felipe el Hermoso de Habsburgo (también hijo del emperador Maximiliano I). Con él entró una nueva dinastía en España, la de los Habsburgo, que formaban la Casa de Austria. Su primogénita fue Leonor de Austria (1498-1558). En 1500 Juana fue por segunda vez madre, esta vez de su primer hijo varón, el futuro Carlos I, quien la sucedería y sería también Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico como Carlos V. En 1503, dio a luz a Fernando, sucesor de Carlos en el Sacro Imperio como Fernando I, y restauró la rama austríaca imperial de la Casa de los Austrias. Mentalmente afectada por la muerte de su marido, fue recluida por su padre Fernando en Tordesillas, donde murió.
María (29 de junio de 1482 – 1517), contrajo matrimonio en 1500 con el viudo de su hermana Isabel, Manuel I de Portugal, el Afortunado. Fue madre de diez hijos, entre ellos: Juan III, Enrique I de Portugal y la Emperatriz Isabel, esposa de Carlos V.
Catalina (15 de diciembre de 1485 – 1536), contrajo matrimonio con el príncipe Arturo de Gales en 1502, que murió pocos meses después de la boda. En 1509 se desposó con el hermano de su difunto marido, que sería Enrique VIII. Por lo tanto se convirtió en reina de Inglaterra; fue madre de la reina María I de Inglaterra, María Tudor.
Semblanza de la reina
De ella, los cronistas contemporáneos dijeron:
Pedro Mártir de Anglería: «Su modestia personal y mansedumbre admirables»; «del rey no sorprende que sea admirable... pues leemos en las historias incontables ejemplos de hombres justos, fuertes, dotados de virtud, incluso sabios. Pero ella... ¿quién me encontrarías tú entre las antiguas, de las que empuñaron el cetro, que haya reunido juntas en las empresas de altura estas tres cosas: un grande ánimo para emprenderlas, constancia para terminarlas y juntamente el decoro de la pureza? Esta mujer es fuerte, más que el hombre más fuerte, constante como ninguna otra alma humana, maravilloso ejemplar de pureza y honestidad. Nunca produjo la naturaleza una mujer semejante a esta. ¿No es digno de admiración que lo que siempre fue extraño y ajeno a la mujer, más que lo contrario a su contrario, eso mismo se encuentre en ésta ampliamente y como si fuera connatural a ella?».
Hernando del Pulgar: «Muy buena mujer; ejemplar, de buenas y loables costumbres... Nunca se vio en su persona cosa incompuesta... en sus obras cosa mal hecha, ni en sus palabras palabra mal dicha»; «dueña de gran continencia en sus movimientos y en la expresión de emociones... su autodominio se extendía a disimular el dolor en los partos, a no decir ni mostrar la pena que en aquella hora sienten y muestran las mujeres»; «castísima, llena de toda honestidad, enemicísima de palabras, ni muestras deshonestas».
Lucio Marineo Sículo: «Y no fue la reina de ánimo menos fuerte para sufrir los dolores corporales... Ni en los dolores que padecía de sus enfermedades, ni en los del parto, que es cosa de grande admiración, nunca la vieron quejarse, antes con increíble y maravillosa fortaleza los sufría y disimulaba»; «aguda, discreta, de excelente ingenio»; «habla bien y cortésmente».
Andrés Bernáldez: «Fue mujer muy esforzada, muy poderosa, prudentísima, sabia, honestísima, casta, devota, discreta, verdadera, clara, sin engaño. ¿Quién podría contar las excelencias de esta cristianísima y bienaventurada reina, muy digna de loa por siempre? Allende de ella ser castiza y de tan nobilísima y excelentísima progenie de mujeres reinas de España, como por las crónicas se manifiesta tuvo ella otras muchas excelencias de que Nuestro Señor la adornó, en que excedió y traspasó a todas las reinas así cristianas que antes de ella fueron, no digo tan solamente en España mas en todo el mundo, de aquellas por quien (por sus virtudes o por sus gracias o por su saber o poder) su memoria y fama vive... de aquellas por sola una cosa que tuvieron o hicieron vive y vivirá su memoria; pues cuanto más ha de vivir la memoria y fama de reina tan cristianísima, que tantas excelencias tuvo y tantas maravillas Nuestro Señor, reinando ella en sus reinos, por ella hizo y obró».
Fernández de Oviedo: «Verla hablar era cosa divina; el valor de sus palabras era con tanto y tan alto peso y medida, que ni decía menos, ni más, de lo que hacía al caso de los negocios y a la calidad de la materia de que trataba».
Diego Enríquez del Castillo: «Prudente y de mucho seso».
Diego de Valera: «Llena de humanidad».
Alfonso de Palencia: «Bondadosa»; «Mujer de pudor y pureza en sus costumbres»; «Inteligente».
Alonso Flores (Flórez): «De mirar gracioso y honesto».
Fernando el Católico, en su testamento, declaró que «Era ejemplar en todos los autos de virtud y del temor de Dios».
Fray Francisco Jiménez de Cisneros, su confesor, alababa «Su pureza de corazón»; «Su gran corazón y grandeza de alma».
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ANEXO : LOS CELOS DE LA REINA ISABEL DE CASTILLA
-SU ESPOSO EL REY
FERNANDO DE ARAGON ERA UN MUJERIEGO SIN FRENO
-LA REINA LE PILLO
IN FRAGANTI VARIAS VECES -EL REY TUVO VARIOS HIJOS FUERA
DEL MATRIMONIO
-EN SUS ATAQUES DE CELOS LA REINA CASTIGABA AL REY NEGÁNDOSE A ACOSTARSE CON EL.
El rey Fernando era un mujeriego sin freno, y de
creer a algún cronista, la propia reina le pilló, alguna vez en palacio con
alguna dama de la Corte, lo que provocaría en Isabel unos terribles arrebatos
de cólera, con daño en ocasiones de la culpable, si como tal puede considerarse
a la que no sabía resistirse a los ataques regios.
Parece ser que la reina se rodeaba de damas de la
más estricta virtud y, además feas, para no dar oportunidad a los celos que le
atormentaban a raíz de los devaneos de su esposo. Consta que el rey tuvo varios
hijos naturales, aunque dos de ellos nacieron antes de su matrimonio. Todos
ellos fueron legitimados por su padre:
Alonso de Aragón: Hijo de Aldonza Roig de Ivorra.
Ostentó los cargos de Arzobispo de Zaragoza y virrey de Aragón.
Juana de Aragón: Hija de Aldonza Roig de Ivorra.
Fue esposa de don Bernardino Fernández de Velasco, duque de Frías y gran
condestable de Castilla.
María Esperanza de Aragón: Hija de Toda de Larrea,
de la que se dice que difundió sin ningún disimulo su romance con el rey. Fue
priora del convento de monjas agustinas de Madrigal de las Altas Torres.
María Blanca de Aragón: Hija de una dama portuguesa
llamada Beatriz de Pereira. Su destino fue también la reclusión en el mismo
convento de Madrigal donde se encontraba su hermana.
Juana de Aragón: Princesa de Tagliacozzo. Nacida en
los primeros años del siglo XVI en Italia, fue el fruto de la relación del rey
Fernando con alguna dama de la nobleza napolitana.
Según afirman, cuando la reina tenía noticia del
nacimiento de algún hijo ilegítimo de Fernando, se negaba a cumplir físicamente
con su marido hasta que consideraba pagado el pecado. Se sabe que aquellos
hijos naturales recibían atención de la reina y dinero para su mantenimiento
cuando era preciso, y de su destino se ocupó de alguna manera. Cuando alguien
la criticó suavemente por el hecho de que se preocupase por la crianza y
educación de este pequeño Alonso, ella afirmó altanera: " Es hijo de mi
augusto esposo, y por consiguiente, debe ser educado conforme a tan noble
origen ... "
Cuentan las crónicas que en una fiesta en Alcalá,
estando ausente el monarca, le correspondió a la reina inaugurar un baile. Para
no hacerlo con caballero alguno, como tributo a la ausencia de su marido,
descendió del sitial donde se hallaba y ofreció su brazo a doña Leonor de
Luján, con la que bailó el baile. La reina no solía dormir sola.
Si no estaba presente Fernando, dormía con sus
hijas. Como recoge en su relato el viajero Münzer después de haber visto a los
monarcas a principios de 1495: ... cuando acontece ausencia de su esposo,
duerme con sus hijas y con algunas dueñas. Usa de esta costumbre con el fin de
conservar incólume la reputación de su honestidad, pues la gente de Castilla es
harto suspicaz y muy propensa a echar las cosas a mala parte.
Ese donjuanismo del rey y los celos de la reina son
recogidos por la mayoría de los cronistas. El humanista Lucio Marineo Sículo
nos cuenta que la reina amaba en tanta manera al rey su marido que andaba sobre
aviso con celos a ver si amaba a otras; y si sentía que miraba a alguna dama o
doncella de su casa con señal de amores, con mucha prudencia buscaba medios y
maneras con que despedir aquella tal persona de su casa. Hernando del Pulgar
nos dice del rey que … amaba mucho a la Reina, su mujer, pero dábase a otras
mujeres. Y escribe de Isabel … amaba mucho al Rey su marido, e celábalo fuera
de toda medida.
Sí, Isabel, aquella reina tan dueña de sus actos,
podía perder toda compostura en palacio cuando descubría las infidelidades de
su esposo. Leemos en el padre Mariana … tenía amor a su marido pero mezclado
con celos y sospechas … Y eso fue vivido en palacio, fue vivido en la Corte,
fue sin duda conocido por los hijos, sobretodo cuando fueron entrando en los
años de la adolescencia y fueron dándose cuenta de las infidelidades del padre
y de las desesperaciones de la madre.